Cuento para difuntos Abro una carpeta descolorida y ojeo un cuento, un cuento que no es de hadas ni de princesas. Un cuento que no es de dragones ni de cuevas que llevan a ningún abismo. Contemplo, observo los dibujos y sus colores. No son solo amarillos y azules, hay tantos, tantos que se puede traslucir un gran arco iris. Y no es porque llueva de manera fina, solo el Sol me entra por la ventana. La tengo abierta de par en par, hace un día estupendo claro de cielo azul. Entra el aire enrarecido de la fábrica de pinturas que hay a cien metros, todo es como un ambiente psicodélico y las nubes no las ve, pero amenazan con enturbiar más el mal día de Luis. Paranoia, esa es la frase que surca por muy claro que sea el día de cielo azul… Lágrimas y llantos, pero también un canto a la alegrí...
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