Los sueños nunca deben estar prohibidos Entre la cortina transparente y la luz de la habitación que me deslumbra, escucho una voz, una voz que me resulta amiga y por lo tanto la escucho. La escucho, mientras me encuentro tumbado encima del colchón. Como si fuese una antigua canción, una de esas que no pasan de moda la escucho, porque para lo eterno no existe. — Hola amigo mío. Entra con él en sus sueños de cautiverio, entra con él en esos sueños que no sabe él pero están ahí y se encuentra encerrado en una gran cárcel, una cárcel llamada “ciudad del tiempo”. En ella no transcurren las horas, en ella se duerme siempre, en medio de unas tormentosas pesadillas. ...
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