Maldita verdad Llueve, llueve a cantaros, los limpiaparabrisas no dan abasto y los cristales se me empañan del vaho y por el contraste de temperatura. Llevo comida, mucha comida y bebida para pasarme una larga temporada refugiándome de todo y de todos. Voy en busca de un hotel barato y cercano, mientras que sea limpio y discreto ya me vale, lo quiero llevar de manera clandestina. Sigo conduciendo, los relámpagos se suceden casi al instante, los truenos replican en la chapa de mi viejo automóvil, que voy a hacer, no puedo correr a más de sesenta. A veces me pregunto, ¿porqué, tuve que ir a esa fiesta con tanta gente?, ahora, ahora después de cinco días me lo pregunto, maldita gracia. Poca información o poco interés puse yo en el tema, no me he saltado ninguna norma, todavía ...
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