SERPIENTES ROJAS, SERPIENTES NEGRAS Lloro, lloro y lloro a lágrima viva y a llanto roto, todo por un desamor. Como puedo ser tan tonto, como puedo llegar a ser tan imbécil de no darme cuenta de las cosas. Por muy bella que sea su imagen, esta me destroza por dentro, esta me construye un castillo de naipes y esta, después lo sopla y lo derrumba juntando las dos manos alrededor de su boca. No puedo ser más infeliz, hay muchas, hay montones de mujeres, pero ella, ¡ay!, ella es la mujer de mis sueños. La que se me presenta todas las noches entre mis sábanas y viajo al otro plano con ella. Medio día no vivo y a medianoche me desfogo con ella en medio de la madrugada, cuando mi alma y la suya se encuentran donde los caminos se bifurcan. Entonces y solo entonces, me siento verdaderamente correspondido. Como si estuviese en mitad de la prime...
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