Señor espejo, no me hagas seguir las lineas blancas de la muerte. Una muerte cerebral, debido a su dañino efecto que hace en mi cerebro. Espejo, no me engañes. Que esas lineas son traicioneras y no me llevarán a buen puerto. Que marinero se dejaría prestar a tal suicidio, yo no. No reflejes una imagen mía de alegría y esperanza, cuando en verdad es de tristeza y desesperación. Cuando esté perdido, te darás la vuelta y no querrás saber de mí. Cuando esté verdaderamente enganchado y perdido, no querrás reflejar mi imagen. Una imagen de un hombre sin esperanza y desconsolado. Que no encontrará refugio en su cabeza, para tal descanso. Que más da, dirías tú. Pero yo soy más fuerte de lo que parece y no lo probaré ni siquiera. Seguiré con mi mente aburrida, pero contenta. Estoy por tirarte al suelo, espejo no traes nada bueno. Hay casos, en los que la linea blanca entra como un suspiro. Pero como los campos de plantación, son cortados de raíz y tu mente se descoloca, llegando a no sabe...
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