Calor invernal. Miran por la ventana, cogidos de la mano. Una encima de la otra, los dos observan como nieva afuera. Son dos los que se unen en algo más que una simple amistad. La música suena desde la otra habitación. No se llaman por el nombre, solo se dicen cosas al oído, mientras esbozan una sonrisa cómplice. Uno de ellos, le dice y le susurra al otro… – - Bésame en los ojos, mírame los labios y lánzame un deseo de amor eterno. No puedo vivir sin ti y tú ya sé que me echarías de menos si me marchase sin mirar para atrás. Por eso en esta cajita, en este pequeño trozo de cartón, te traigo un poquito de oro de mi corazón...
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