En nombre de quién. Miro al cielo, miro al Sol, le desafío, le muestro que no me falta valor para ello. Qué más se puede desear, solo la mujer de la que siempre me enamoré hace antaño. Ahora no soy nada más que un hombre de cierta edad, al que la pasión le ha sido relevada por la prudencia, pero al mismo tiempo por el desasosiego. A mis años y despertar ahora como si fuese un recién nacido, me hace llorar y gritar alto, tan alto que se me debe de escuchar desde los más lejanos planetas. Muchos dicen, algunos hablan, de que cada uno de nosotros tenemos nuestro propio planeta o venimos de él hasta este. Quién sabe la verdadera verdad, la verdad absoluta. No sé si existe algún Ser supremo, no he tenido ocasión de conversar con él. Pero si es así, le ruego que me diga mi nombre, mi verdadero nombre, aquel que me haga renacer del olvido y seamos todos recor...
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