Paseando por la Alhambra, me vienen recuerdos de un ayer no muy lejano. En los que recorría sus rincones más preciados. Con la vista puesta en Sierra Nevada, tomaba un sorbo de su agua. Agua de manantial, agua de dioses. Quien no quiere vivir en Granada, quien no firmaría por una estancia prolongada dentro de sus paredes. Sol en verano, nieve en invierno. Eso es tan bonito paisaje, paisaje y don de gentes. Yo me acuerdo de hace apenas unos segundos, rebuscando entre mi memoria. Cuando fue la última vez que agarré un poco de tierra de los huertos. Buenos días, buenas noches. Se dicen el Sol y la Luna, felices de dar la vida a este lugar. Único en Andalucía, no tiene comparación alguna con ningún otra ciudad u otra gente. Yo puedo decir bien alto, haber pernoctado entre sus brazos. Como un niño primero y como un hombre después. No he llorado, pero no sería el primero. No por cobardía ni mucho menos, sino por el amor que siento a esta tierra. No creo que en su día, en plena disputa. ...
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